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“EL DIVORCIO DE LA LENGUA, EL CEREBRO Y LAS MANOS”



 “Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra”.

Tito1:16 Reina-Valera 1960 (RVR1960)


Uno de los grandes dilemas de nosotros radica en la disyuntiva de lo que decimos, lo que pensamos y lo que hacemos. Una cosa dice nuestra boca, pero nuestros hechos predican a veces muy contrario a lo que creemos. Esta contradicción la vemos a diario en nuestras vidas; esto genera confusión y caos en los que están a nuestro alrededor, pero, también en nuestro interior. Llegamos a un grado tal de “hipocresía” que ni nosotros mismos nos conocemos. 


Me llama la atención una carta que le escribió el célebre reformador franco-suizo, Juan Calvino a Martín Lutero el 21 de enero de 1545, la cual, recoge algunas inquietudes tocante a este tema; veamos: 


“He mirado a mis compatriotas Franceses, como muchos de ellos han sido comprados de las tinieblas del Papado a la solidez de la fe, pero que no han alterado en nada en su profesión pública de fe, y así continúan profanando sus vidas con los sacrilegios adorando a los Papistas, como si ellos nunca habrían saboreado el sabor de la sana doctrina. He estado totalmente incapaz de restringirme en reprobar tan gran negligencia y pereza, de tal manera que pensé que ellos merecen estar en esa vida.  

¿Cómo entonces esta fe la cual descansa enterrada en el corazón, haga otra cosa diferente que romper con fuerza en la confesión de fe? ¿Qué clase de religión puede ser esta que esta sumida en la idolatría?”


Library of Geneva, vol. 196. Taken from the Selected Works of John Calvin: Tracts and Letters, vol. 4, pp. 440-442.

Aunque Martín Lutero nunca respondió a dicho cuestionamiento, era y es un mal que nos afecta a todos. ¿Qué respondemos frente a tal situación? La respuesta viene con la responsabilidad que tenemos cada uno de ser “coherentes”, valor que se ha ido perdiendo en todos los ámbitos de la vida. Cristo usó palabras de este tipo: “… que tu sí sea sí y tu no, no”, llamándonos a modelar coherencia entre lo que decimos y hacemos. 

Nos toca hoy evaluar cómo está nuestra coherencia, ¿qué estás haciendo con tu familia, con tus amigos, con tu iglesia, con tu comunidad? Una de las paradojas más grandes que tiene nuestro país es que el 70% se dice ser religioso, pero, los hechos en nuestra sociedad indican “todo” lo contrario. 


Oremos juntos y pongamos de nuestra parte para vivir coherentemente. 


Dios te bendiga!

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